Donald X. Vaccarino

David Parlett es una de las personas más especiales del juego de mesa contemporáneo, por sus juegos (entre los que sobresale La liebre y la tortuga, que ganó el primer Spiel des Jahres en 1979), por su imprescindible libro sobre la historia de los juegos de mesa (The Oxford History of Board Games, 1999, reeditado en 2018), por su enciclopédico conocimiento sobre los juegos de cartas... y por su fino humor británico. A la pregunta sobre como se define, no duda en responder . "Born: yes. Hair: not much."

 

Quizá como homenaje al maestro, David X Vaccarino utiliza también el humor para describirse a sí mismo. En su autodescripción para el portal BoardGameGeek, es rotundo: "Donald X. was born in 1969, after years of not existing. Of his life, little is known. Donald X. is like something you've forgotten that no-one wants you to remember."

 

Aunque afirma que se sabe poco de su vida, sí sabemos que vive en la bahía de San Francisco, que era informático especializado primero en programas de reconocimiento de voz y después en la programación de máquinas de diálisis, y que juega habitualmente con amigos en un bar con juegos o en su casa (aunque durante los peores meses de la pandemia solo ha jugado con sus hijos).

 

Como tantos otros autores, de joven creaba juegos, pero sin ninguna dedicación ni continuidad, y no fue hasta 1994 que empezó a pensar seriamente en emplear más tiempo en idear juegos. Su método de creación, que parte siempre de la mecánica, consiste en trabajar en múltiples direcciones y escribir largas listas de ideas, hasta encontrar la que le satisface. Incluso puede cambiar radicalmente un juego antes de haber hecho una sola prueba. Eso sí, cuando ve que funciona, lo juega una y otra vez hasta darlo por totalmente finalizado, lo que provoca que no juegue otros juegos (excepto los que juega con sus hijos), por la gran cantidad de tiempo que dedica a sus propias creaciones. No debe ser necesario añadir que fue un gran jugador de Magic (Richard Garfield, 1993): le fascinaba la interacción entre las cartas. Asegura que los juegos que no les gustan son aquellos en que los jugadores votan para decidir quien gana.

 

No es necesario preguntarle cual de sus juegos es el favorito: "Entre mis juegos, Dominiones el que me gusta más. ¡Construyes un mazo mientras juegas! Sigue siendo divertido después de tantos años. Por supuesto, con la ayuda de las nuevas cartas que creo y que se publican cada año." Exactamente, Donald X. Vaccarino es conocido especialmente por el juego Dominion (2008), su primer juego publicado, que le permitió ganar el Spiel des Jahres de 2009 (¡a un autor de un solo juego!) y del cual los fans más tenaces y constantes ya deben tener más de cinco mil cartas, repartidas en las dos cajas de base y trece expansiones, a lo que hay que añadir las cartas de promoción que se editan constantemente para su reparto en ferias.

 

¿Por qué es tan especial Dominion? Las personas que lo juegan, de manera casual, continuamente o de forma obsesiva, lo saben bien. Con este juego nació una nueva familia de juegos, un mecanismo desconocido hasta entonces, una nueva puerta por la que después han pasado centenares de juegos, del mismo tipo o introduciendo esta nueva estructura de juego dentro del sistema de reglas. Este mecanismo se llama "deck building", que se puede traducir como "construcción de mazos" y significa que cada jugador juega con su propio mazo para el que intenta conseguir nuevas cartas para mejorarlo, como sea que cada carta tiene una utilidad propia. Una idea simple, ¿verdad? Pues hasta 2008 a nadie se le había ocurrido con la sencillez y elegancia del juego de Vaccarino, y a él le supuso unos cuantos años de intentos fallidos. Por citar solo dos buenos juegos que no habrían podido existir sin el juego de Vaccarino, tenemos Machi Koro(Masao Suganuma, 2012) y Pócimas y brebajes (Wolfgang Warsch, 2018). Los dos han partido de la idea básica de Dominion, "hacer crecer y mejorar lo que tienes" para evolucionar y llegar a puntos muy distantes pero que dejan ver su origen primigenio.

 

En cada turno de una partida de Dominion, como "monarca, al igual que lo fueron tus padres, que rige los destinos de un pequeño y apacible reino", intentarás ampliar tu pequeña mano inicial de cartas, adquiriendo nuevas cartas de recursos y puntos de victoria, para conseguir "a diferencia de tus padres, un reino más grande y más agradable, llevando la civilización a anárquicos nobles propietarios de pequeños trozos de tierra" (el entrecomillado pertenece a la introducción a las reglas del juego). Como en tantos eurogames, aquí lo importante es su innovadora y revolucionaria mecánica de juego, no la historia que pretendidamente vivimos mientras desarrollamos una partida. En palabras del propio Vaccarino, "The concept was a game where you built a deck. Then I had to pick flavor."

 

¿Es Vaccarino un autor de un solo juego? No, en absoluto. Entre sus otras creaciones hay que destacar Kingdom Builder, con un buen número de expansiones y reediciones desde su publicación en 2011. Es innegable, no obstante, que es su primer juego el que le ha dado la fama... y mucho dinero en royalties.

 

Acabemos como hemos empezado, ¿qué se puede hacer con Vaccarino?: "If you rotate Donald X. 360 degrees, he'll only be standing upside down. You have to rotate him 720 degrees to get him back where he started."