Matt Leacock

Con más de dos millones de ejemplares vendidos en todo el mundo desde su primera publicación en 2008, Pandemices un juego realmente popular, lo que se acentúa por la publicidad añadida del maldito coronavirus. Que sea un juego de reglas muy accesibles, con un tema candente (salvar la humanidad de terribles enfermedades) y que plantee un reto extraordinario a resolver de forma cooperativa lo convirtió en un must desde su aparición. Para los no iniciados en los juegos de mesa contemporáneos: en un juego cooperativo, los jugadores no compiten entre ellos, sino que todos juntos se enfrentan a un adversario invisible gestionado desde las reglas y la propia mecánica del juego, es decir, los jugadores ganan o pierden juntos. No, no es el primer juego cooperativo, una de las más grandes tendencias actuales en los juegos de mesa, sino que, como explica el mismo autor, para crearlo, se inspiró en El Señor de los Anillos (2000) del prolífico Reiner Knizia, este sí considerado el primer gran juego de cooperación. Su otra fuente de inspiración fue la pandemia provocada por el virus SARS en 2003.

Antes, Leacock ya había publicado, en edición de autor, los juegos Borderlands (1995) y Lunatix Loop (2000). Aprovechando su viaje de novios al Mediterráneo, visitó la feria de Essen, la Meca de los juegos de mesa, para intentar vender los 200 ejemplares que su mujer, Donna, había ensamblado uno a uno. No sabemos si lo consiguió, pero lo que sí hizo fue conocer a Alan R. Moon, uno de los decanos de los juegos de mesa, que le invitó a la selecta reunión para autores, editores y prensa especializada que Moon organiza cada año en Estados Unidos, lo que permitió unos años después conocer al futuro editor de Pandemic.

Después de tres años de desarrollo del juego, Leacock entró en el Olimpo de los principales autores de juegos del mundo. Como le gusta decir, lo que más le gusta es haber diseñado un juego con el que su mujer, a quien no suelen complacerle los juegos competitivos, encuentra un verdadero placer.

Ser el autor de unbestseller y reconocido como uno de los grandes con el prácticamente primer juego publicado es un riesgo para la creatividad, o por lo menos para explorar nuevas vías. Así, de los 25 juegos que Leacock lleva publicados de forma profesional, 15 son expansiones o versiones de su juego, incluyendo el magnífico e innovador Pandemic Legacy que creó junto a Rob Daviau, otro de los grandes, cuyo prestigio se fundamenta especialmente en haber concebido el sistema legacy, que se basa en que las reglas van cambiando de forma permanente y sin vuelta atrás en cada partida, de manera que todas las partidas son únicas y diferentes entre ellas.

Bueno, pues entre los otros diez juegos de la ludografía de Leacock, que no son Pandemic, encontramos por lo menos dos que por ellos solos también justifican su presencia en el gremio de los mejores: Roll Through the Ages (2008) y La isla prohibida (2010), que a su vez es el primer juego de una pequeña colección.

Matt Leacock era, hasta su dedicación absoluta a la creación de juegos en 2014, un diseñador de experiencia de usuario para distintas grandes compañías californianas, como Apple, Netscape, AOL o Yahoo!, además de un avezado jugador desde los diez años. Estos dos aspectos de su vida seguro que le permiten pensar en términos no únicamente de construcción de reglas o desarrollo de temáticas, sino de cómo las entenderán, experimentarán y disfrutarán los jugadores.

Y esta búsqueda de una gran experiencia de juego, que ha dado sus frutos en Pandemic, también la reconocemos en esos otros dos juegos, uno de ellos, radicalmente diferente a toda la producción de Leacock. Roll Through the Ages (sin ninguna relación con el juego casi homónimo de Vlaada Chvátil) supuso otra nueva puerta abierta, otro nuevo campo a descubrir, los juegos llamados roll & write. No, tampoco es el primer juego de este tipo, puesto que recuerdan muchos juegos de dados de ahora y de siempre: se tiran unos dados y los jugadores apuntan los resultados según distintas reglas o restricciones. Es un roll & write y mucho más, un auténtico juego de construcción de una civilización con únicamente siete dados: desde la cosecha de los alimentos básicos hasta la alimentación de la población con el fin último de construir monumentos y ciudades, a la vez que se esquivan los desastres naturales.

Hay quien considera que La isla prohibida podría ser el hermano pequeño de Pandemic, puesto que su publicación es posterior, coinciden en algunas mecánicas y también es un juego colaborativo. Pero no, La isla prohibidaes un juego que se disfruta en sí mismo. Veamos: unos exploradores especializados en diferentes disciplinas (que les permiten acciones distintas) llegan a una isla que fue el refugio de un antiguo y misterioso imperio. Su objetivo es recuperar las valiosas reliquias que se esconden aquí y allá. Como en las buenas películas de aventuras, la isla está llena de peligros y, más que eso, es un auténtico peligro para los intrusos: las aguas van subiendo inexorablemente a medida que investigan. La emoción está servida, tienen que encontrar las cuatro reliquias (unas preciosas miniaturas) y llevárselas antes de que la isla desaparezca para siempre. ¿Quién dijo qué de un Pandemic a pequeña escala?