Leo Colovini

Nacido en Venecia en 1964, donde todavía vive con su mujer Ileana, también en el mundo del juego como directora de Cartamundi Italia, a Leo Colovini la vida le cambió totalmente a los once años. A esa corta edad conoció a Alex Randolph en un club de ajedrez y se convirtió enseguida en asiduo visitante de su estudio y en su discípulo y amigo, hasta llegar a ser, muchos años después fue su albacea testamentario. Si no saben quién es Alex Randolph, búsquenlo inmediatamente en la Devirpedia y conozcan su apasionante biografía y su enorme legado en los juegos de mesa.

 

Licenciado en Historia, después de unos años trabajando en un banco, un trabajo seguro y bien remunerado, que felizmente abandonó en 1993, Colovini dirigió una pequeña y selecta cadena de tres tiendas de juegos y juguetes en Venecia y Padua con sus amigos y vecinos Francesco Nepitello y Marco Maggi, de quienes encontrarán más información en estas mismas páginas. Y creó con Randolph y Dario de Toffoli, casi como diversión, la editorial Venice Connection, con la intención de publicar juegos de pequeño formato y el único objetivo de no perder dinero. El éxito les acompañó y la editorial se separó en Studiogiochi encargada principalmente de la faceta creativa y Venice Connection Italia, una editorial con la pretensión de dinamizar el mercado italiano. En 2007 la editorial se vendió y Leo Colovini se quedó únicamente en Studiogiochi, donde aun crea y juega sin parar.

 

Precisamente, Studiogiochi nació en 1987 de la mano de Dario de Toffoli y Leo Colovini con una triple misión: colaborar en los medios de comunicación con artículos y pasatiempos y publicar libros sobre juegos, crear juegos de mesa y organizar festivales de juego. Treinta y cinco años después, el estudio ha incorporado a su catálogo de actuaciones el asesoramiento a la industria y a los autores. En 1993 nació del premio "Archimede", impulsado y después organizado directamente por Studiogiochi, para ayudar y poner en valor a los aspirantes a autores de juegos de mesa. Sí, el primer presidente del jurado fue Alex Randolph.

 

Colovini es autor de cerca de un centenar de juegos desde 1986, entre los que él mismo destaca como sus mejores diseños Cartagenay Leo va al barbero, aunque, claro está, le gustan la mayoría de sus creaciones. Añadamos, por lo menos, Inkognito y Clans. Su método de creación parte de una idea que memoriza inmediatamente donde sea que se le haya ocurrido, normalmente basada en un mecanismo de juego. Delante del ordenador se exige escribirla con palabras claras y concisas, con lo que consigue convertir una idea en bruto en el primer núcleo de un mecanismo de juego. Si el mecanismo le parece interesante, diseña sus elementos en el ordenador y lo juega en solitario. Si le produce una buena sensación, hace un prototipo que juega con todo quien quiera probarlo. Gran jugador, le gustan y crea especialmente los juegos con un buen equilibrio entre suerte y estrategia, con preferencia hacia los juegos de reglas simples pero que proporcionen partidas con profundas decisiones estratégicas, como Randolph, que solía repetir “a game IS its rules“, le enseñó.

 

Asimismo, ha escrito media docena de libros sobre juegos, entre los que sobresale I giochi nel cassetto (2002), una pequeña y completa guía para quien quiera convertirse en autor de juegos de mesa. En él Colovini responde a la pregunta que le han formulado cientos de veces: "¿qué hay que hacer para crear un juego?". Como no, el libro incluye una preciosa conferencia de Alex Randolph sobre porqué la humanidad juega.

 

Hace un par de párrafos hemos escogido, junto al mismo Colovini, cuatro juegos de su extensa ludografía. Fijémonos un poco más en ellos, en orden cronológico.Inkognito(1988, coideado con su maestro Alex Randolph y que ganó un premio especial del Spiel des Jahres, el premio de más prestigio del mundo) es un juego de deduccción. Los jugadores, espías en el Carnaval de Venecia, se mueven por la ciudad para recopilar información sobre los otros jugadores, uno de los cuales, sin que nadie sepa cual, es un aliado, un sistema de juego derivado de una variante del juego de cartas italiano Briscola. Su objetivo es realizar misiones, pero antes deben encontrar su pareja de baile.

 

Cartagena (2000) rememora una famosa escapada perpetrada por feroces piratas presos en la cárcel-fortaleza de la Cartagena colombiana en 1672. Los jugadores deben hacer correr sus piratas por el túnel subterráneo mediante las cartas de que disponen. Ahora bien, solo se pueden conseguir cartas retrocediendo en el túnel. Gana el primero que consigue que sus seis piratas se escapen. Sencillo, elegante y profundo, así son los juegos de Colovini.

 

La primera idea del mecanismo de Clans (2002, también nominado al SdJ) se le ocurrió pensando en un juego sobre la creación del universo en un autobús lleno de gente: imaginó un juego en que las piezas estén esparcidas por el tablero para después juntarse en sitios específicos. Luego el tema de la primera idea evolucionó hacia un juego de construcción de poblados, para el mecanismo se mantuvo fiel a lo ideado en el autobús.

 

Leo va al barbero (2016, nominado al SdJ infantil), es un juego cooperativo para niños y niñas a partir de seis años. En una eficaz mezcla de suerte y memoria, los jugadores tienen que conseguir entre todos que el león Leo pueda cortarse sus melenas respetando el horario del barbero de la selva, un mono que atiende por Bubu.

 

Aunque afirma que como buen amante de la variedad raramente se engancha a un juego, estos son algunos de los mejores juegos de mesa de ahora y de siempre para Leo Colovini, si no tenemos en cuenta los suyos:Carcassonne(Klaus-Jürgen Wrede, 2000), TwixT(Alex Randolph, 1962), Acquire (Sid Sackson, 1964), Ajedrez y Catan (Klaus Teuber, 1995). Además de Alex Randolph, admira como autor de juegos a Wolfgang Kramer, a quien considera un gurú (le pueden encontrar en la Devirpedia).

 

Alex Randolph vivió en Venecia los últimos quince años de su vida. No solamente nos dejó grandes juegos y grandes conceptos de juego como el mismo concepto de "autor de juegos", sino también grandes discípulos, especialmente Leo Colovini, que sigue siendo fiel a las enseñanzas del maestro desde que tenía once años.