Bernd Brunnhofer

En 2004 apareció un juego firmado por un autor desconocido, ya que no había publicado ningún juego antes y nadie, excepto unos pocos, sabían de su existencia. Ese juego, Sankt Petersburg, nunca editado en el Estado español, ganó inmediatamente dos de los tres premios más importantes en el mundo de los juegos de mesa. Pronto corrió la voz que el nombre de su autor, Michael Tummelhofer, era en realidad un pseudónimo, formado con el nombre real del autor, Bernd Brunnhofer, mezclado con los de sus dos amigos y también editores Michael Bruinsma (999 Games) y Jay Tummelson (Mayfair y, principalmente, Rio Grande Games), los introductores en Holanda y los Estados Unidos de Norteamérica, respectivamente, de los nuevos juegos que ya habían despuntado en Alemania.

Nacido en la histórica ciudad austríaca de Graz en 1946, Bernd Brunnhofer vive con su mujer Margret en Munich, felizmente jubilado, y pasa los meses de verano en una finca que tienen en Mallorca. Jubilado, pero no retirado, continúa jugando dos veces por semana con sus compañeros de siempre y mantiene otro grupo de jugadores que se reúne mensualmente. Disfruta con muchos juegos y ahora mismo tiene entre sus favoritos a Marco Polo II(Simone Luciani y Daniele Tascini, 2019) y Terraforming Mars (Jacob Fryxelius, 2016).

Fue durante muchos años profesor de Sociología, trabajo que compaginó al principio con la dirección de Hans-im-Gluck, que creó en 1983 y una de las grandes compañías alemanas que más hicieron por popularizar los nuevos juegos de mesa. Sus mejores éxitos como editor los consiguió con El Grande (Wolfgang Kramer y Richard Ulrich, 1995), Carcassonne (Klaus-Jürgen Wrede, 2000), Ciudadelas(Bruno Faidutti, 2000) y Marco Polo (Simone Luciani y Daniele Tascini, 2015). También editó otros muchos juegos remarcables que injustamente no han recibido el éxito que merecían, como el espléndido Medina(Stefan Dorra, 2001) o el gran juego electoral Die Mächer (Karl-Heinz Schmiel, 1986). Su primera gran recompensa como editor fue ganar el Spiel des Jahres en 1991 por Drunter und Drüber, de Klaus Teuber. En 2008, su hijo Moritz empezó a codirigir la editorial con él y en 2017, con la jubilación de Bernd, Moritz cogió las riendas por completo.

Ah, claro, un editor que de repente se dedica a la creación de juegos. Qué fácil, conociendo el mercado y sabiendo cómo piensan los autores, para él debió ser pan comido aunar los dos tipos de conocimiento. Pues no, Bernd Brunnhofer es un caso prácticamente único de editor que brilla también como autor, si dejamos de lado los autores que empiezan autoeditándose y acaban olvidándose de ser autores por haberse convertido en editores.

Así, sin dejar de ser nunca un editor inquieto, a la caza constante de nuevos juegos para convertirlos en clásicos, Bernd creó dos juegos que se pueden encontrar en todas las buenas colecciones: Sankt Petersburg(2004) y Stone Age (2008). Además, entre otros juegos que no han tenido tanta importancia, creó, junto a Klaus-Jürgen Wrede, Cazadores y recolectores (2002), una de las mejores versiones de Carcassonne.

Detengámonos en Sankt Petersburg y Stone Age, dos juegos que aguantan perfectamente el embate continuo de las nuevas creaciones que imparablemente van apareciendo, provocando con demasiada frecuencia el olvido de muchos buenos juegos anteriores.

Sankt Petersburges, después de la incursión en Carcassonne, el primer gran juego en solitario de Bernd Brunnhofer. Sorprendió gratamente por su simplicidad combinada con múltiples estrategias, y sin nada de azar más allá del orden en que aparecen las cartas, como sea que prácticamente todo el material de juego está a la vista de todos los participantes en la partida. A los jugadores actuales no les supone ninguna novedad que las cartas tengan un precio que puede variar, que las cartas sirvan para dar puntos y a la vez para mejorar el uso de otras cartas, que todos los jugadores sean jugador inicial al mismo tiempo o que se puedan reservar cartas para jugarlas más adelante. Pero estamos en 2004, o sea que los juegos no habían evolucionado como lo han hecho los últimos años.

Su gran juego, o por lo menos el más vendido con mucha diferencia, es Stone Age. Publicado en 2008 aun con la firma de Michael Tummelhofer, firma que finalmente abandonó en las ediciones posteriores. Si clasificáramos los juegos según sus destinatarios, Stone Age sería un buen ejemplo, quizá de los mejores, de la categoría que se ha denominado «familiar +», los juegos destinados a público familiar, con un pequeño toque añadido de profundidad en las reglas y en el desarrollo de las partidas.

El juego representa un paseo por las diferentes etapas de la vida en la prehistoria. Además, el tablero, obra del afamado ilustrador de juegos Michel Menzel, es un buen cuadro que describe claramente la vida en la prehistoria: los materiales para la construcción de habitáculos, la caza, la pesca y los cultivos, las herramientas y los incipientes signos de cultura y civilización.

Stone Age aúna varias mecánicas y dinámicas de juego ya conocidas, como tener que escoger entre diferentes acciones, todas necesarias, sin posibilidad de llevarlas todas a cabo, como la denominada «colocación de trabajadores» (es decir, poner una ficha tuya en un sitio determinado del tablero para conseguir algo y que no pueden hacerlo los demás jugadores), o como la gestión de recursos, sin poder conseguir todos los que hacen falta en cada momento, lo que exige priorizar y tomar decisiones complicadas continuamente. Lo relevante es que las aúna de forma impecable y elegante y, especialmente, al alcance de cualquier persona (o casi), a diferencia de muchos otros juegos que demandan una gran capacidad de análisis, de comprensión de reglas no evidentes y de saber planificar. Como colofón, los dados añaden el balance indispensable para neutralizar el mejor conocimiento del juego por parte de las personas que ya lo han jugado más veces.

Desde luego, Bernd Brunnhofer puede estar orgulloso de su vida como editor y como autor.